Director de Arquitectura plantea sus desafíos para el año académico 2017

Con 20 años de trayectoria en el Plantel y en su último año al frente de esta Escuela, el académico espera consolidar su destacada labor con la presentación en abril al Consejo Académico y Directivo de la propuesta de creación de una Facultad de Arquitectura, dedicada a formar a profesionales en diversos grados, incluidos el técnico y doctorado.
Un desafío a largo plazo que se ha propuesto el actual director junto al equipo académico de la Carrera es consolidar un sello con una cultura manufacturera, que ha comenzado integrando una red de trabajo con una pyme del barrio.

Con cuatro desafíos clave asumió el liderazgo de la Carrera en agosto de 2015 el arquitecto Jorge Lobiano Yaber, quien hace 20 años se incorporó al Plantel asumiendo labores profesionales de docencia en el área de tecnología y diseño.

A pocos meses de finalizar su periodo de dos años como director de la Escuela, el académico saca cuentas positivas de su gestión: con ya 1000 profesionales egresados y más de 400 estudiantes matriculados, están dispuestos a asumir la creación de la Facultad de Arquitectura de la U. de Santiago.

“Nuestro núcleo disciplinar es el diseño y nosotros queremos aportar a la Universidad como Facultad en esta área, ser una plataforma para la investigación aplicada, aportar al país desarrollando una cultura manufacturera. Nosotros tenemos una relación directa con el país, rescatando lo que fue la Escuela de Artes y Oficios y la Universidad Técnica del Estado, con un compromiso tecnológico y, por otro lado social, que es hacia donde dirigimos nuestros esfuerzos”, sostiene el director.

Desafíos asumidos por la actual dirección

Tras resultar electo como director de la Escuela de Arquitectura, el académico junto a su equipo directivo asumieron cuatro desafíos: acreditar la Carrera; acreditar el Magíster Integrado en Diseño Arquitectónico (MIDA); mejorar la infraestructura y equipamiento; y consolidar la creación de una Facultad de Arquitectura.

“Nuestro primer desafío fue acreditar el Mida. Tras finalizar el proceso de autoevaluación y gestionar la visita de pares, nos informaron que fuimos acreditados por tres años”, explica el director.

El segundo desafío asumido por la dirección fue acreditar la carrera de Arquitectura, que ya contaba con dicha certificación por un periodo de cuatro años, luego cinco años y durante este verano se informó a la Unidad Académica que fue acreditada por seis años.

El tercer desafío se basó “en un área débil de la Escuela”, según los procesos de acreditación, la que se circunscribe a infraestructura y equipamiento. Para mejorar las observaciones, la dirección invirtió 75 millones de pesos provenientes de proyectos internos, cursos, premiaciones y donaciones, con el fin de mejorar el taller-fábrica, considerado como el motor de la Escuela, al ser el lugar donde se realizan trabajos experimentales.

Así también con un monto de 250 millones de pesos provenientes de fondos institucionales, la actual dirección remodeló el auditorio de la Carrera, espacio que sufrió graves daños tras el terremoto del 2015 y que gracias a las modificaciones que terminarían en marzo, podría convertirse en uno de los recintos pedagógicos más modernos del país. La remodelación considera la  incorporación de baños, camarines con agua caliente, redes eléctricas y espacios para potenciar la formación experimental del estudiante.

Como cuarto desafío la dirección asumió la consolidación de una Facultad de Arquitectura, propuesta que será presentada en abril al Consejo Académico y Directivo, tras cumplir las tres condiciones anteriores.

El director Lobiano explica que “la Carrera desde sus inicios depende de la Vicerrectoría Académica, siendo desde entonces un anhelo de la Unidad  constituirse como Facultad. El asunto es que una Facultad no se hace sólo para tener un decano y más funcionarios, sino porque se quiere aportar algo a la Universidad y al país. Entonces la palabra Facultad nos impone un desafío importante, en cuanto a esta estructura y este desarrollo vertical de la disciplina”, sostiene.

Trayectoria del arquitecto

El arquitecto Jorge Lobiano es casado y tiene tres hijos. Proveniente de Vallenar, es hijo de inmigrantes, padre italiano y madre libanesa. Comienza sus estudios de Arquitectura en 1984 en la Universidad del Bio Bio, una de las cinco Escuelas de Arquitectura existentes en ese entonces en el país.

Tras terminar sus estudios universitarios, regresa a su ciudad natal por cinco años a desarrollar proyectos de carácter público a modo de retribución, entre ellos, el emblemático paseo ribereño, con el que transformó un basural a orillas del río Huasco en un Parque Urbano, obteniendo una serie de premios regionales, nacionales y latinoamericanos.

Por problemas de salud de un hijo, se traslada a Santiago, donde es invitado por la Universidad de Santiago para desempeñarse en la Escuela de Arquitectura. Desde entonces ha sido profesor del área tecnológica y diseño, profesor  de talleres de primero y tercer año, y actualmente desempeña labores administrativas, manteniendo la docencia con estudiantes de título.

Modelo pedagógico inclusivo

Según describe el director, entre los hitos que destacan a la Escuela de Arquitectura y que han tenido un fuerte impacto a nivel nacional, se encuentra la consolidación de cuatro modos pedagógicos: participación en concursos, prácticas profesionales, movilidad estudiantil y Aprendizaje + Servicio.

Entre los modos pedagógicos, la participación en concursos como CAP, Corma, Electrolux y Abrilar, ha consolidado la figura de la Escuela en los últimos años, obteniendo importantes reconocimientos, tanto a nivel nacional como latinoamericano. En palabras del director Lobiano, “esto crea un ambiente colateral, un poco competitivo, pero genera que nuestros estudiantes puedan ser medidos de forma anónima por pares y eso es mejor que cualquier acreditación, ya que nuestros estudiantes proponen soluciones desde adentro”, sostiene.

En cuanto a las prácticas profesionales, el director sostiene que todos los estudiantes tienen la oportunidad de demostrar sus conocimientos en municipios vulnerables a lo largo del país, trabajando en proyectos que las distintas ciudades pueden utilizar para obtener financiamiento.

El tercer modo pedagógico corresponde a movilidad estudiantil, en donde según las cifras de la Escuela, 60 estudiantes han realizado intercambios en el extranjero, y 100 estudiantes han conocido la experiencia de la U. de Santiago.

Y por último, el académico resalta el modo Aprendizaje + Servicio que se imparte en el Plantel y que fue implementado también por la Carrera, práctica pedagógica que se realiza como un servicio solidario desarrollado por estudiantes para atender necesidades reales y  efectivamente sentidas de una comunidad.

Sello orientado a una cultura manufacturera

Un desafío a largo plazo que se ha propuesto el actual director junto al equipo académico de la Carrera es consolidar un sello con una cultura manufacturera, que ha comenzado integrando una red de trabajo con una pyme del barrio.

“En universidades tecnológicas, uno se encuentra con que en su perímetro está lleno de talleres de acero, madera, plástico, fibra de carbono, mecánica, electricidad, etc., que le prestan servicio a las investigaciones de los estudiantes y los profesores. Si uno va a la calle Ecuador sólo ve fotocopiadoras, lo que es un indicador. Quiere decir que gran parte de los trabajos son documentos. Eso lo queremos cambiar, queremos desarrollar una cultura manufacturera con nuestros estudiantes desde el primer día de clases”, explica el profesor.

Según explica el director, el rol social de la Universidad es la base de la carrera, es así como iniciaron el primer curso -taller vespertino de diseño y fabricación de muebles en madera para un grupo de inmigrantes haitianos, ya que debido a su condición de refugiados y su cercanía territorial con la U. de Santiago, la Escuela les enseña a construir su mobiliario básico para su primera residencia en Chile.

“Nuestra diferencia está en este acento tecnológico y social, es una cualidad transversal en la malla, es un sello, por eso tenemos tantos egresados en servicios públicos, algunos emprendiendo en el área de construcción, en oficinas de arquitectura, y no pocos trabajando en el extranjero. En los últimos años hemos incursionado en la industria, que es hacia donde ésta dirección quiere poner su foco, tenemos profesionales trabajando en fábricas de componentes y de arquitectura prefabricada e industrializada, cada vez más nos hacemos cargo del proyecto país”, finaliza el director Lobiano.

Autor: 
Soledad Fuentes Mansilla