«¡Humos al norte!», fue la frase que pronunció el vigía de la goleta Covadonga aquella mañana del 21 de mayo de 1879. Como un hecho que raya en lo accidental, los cinco barcos que se reunieron en la rada de Iquique formaron el acróstico CHILE: Covadonga, Huáscar, Independencia, Lamar y Esmeralda.
Los buques de la Marina peruana destacaban por su poder ofensivo en artillería, con una fragata y un monitor construidos en Europa; este último, acorazado en hierro y con torreta giratoria de dos cañones de 300 libras y un cañón menor.
Ante la aparición de los buques de guerra enemigos, la «Esmeralda» viró hacia tierra, teniendo que contender con el «Huáscar». El capitán Arturo Prat arengó a su tripulación, de la que eran parte seis egresados de la Escuela de Artes y Oficios: Ignacio Serrano, Vicente Mutilla, Dionisio Manterola, José Gutiérrez de la Fuente, Juan Agustín Torres y Manuel Santiago. «Varios de ellos contaban, hasta la fecha, con una significativa trayectoria en la Marina», indica el libro EAO: La Escuela de Artes y Oficios, de Eduardo Castillo Espinoza (Ocho Libros Editores, 2015).
Pasada cerca de una hora y media, la «Esmeralda» aún no había sido impactada por el «Huáscar» y los disparos de la corbeta chilena no generaron mayores daños debido al blindaje del vapor de guerra peruano. Desde la playa de Iquique, baterías peruanas intentaban batir a la «Esmeralda» desde tierra.
El combate siguió y el almirante Grau ordenó espolonear la vieja embarcación de madera. En ese instante, los egresados de la EAO recibieron al monitor con descargas de baterías y fuego de fusilería.
En un segundo espolonazo, el capitán Arturo Prat saltó al abordaje junto al sargento Aldea y el marinero Ugarte; los tres perderían la vida de manera heroica. En una tercera embestida, el teniente Ignacio Serrano Montaner (egresado de la EAO) saltó al abordaje, seguido de doce marineros que llevaban rifles y machetes, quienes finalmente fueron abatidos sobre cubierta.
La «Esmeralda» se hundía lentamente en las aguas de Iquique, momento en que el «Huáscar» se precipitó nuevamente para dar el espolonazo final. La corbeta se fue a pique luciendo sus banderas con dignidad.
Siendo las 12:10 horas, la «Esmeralda» encontró su sepulcro en el mar. De los 198 tripulantes, solo sobrevivieron 58, entre ellos dos exestudiantes de la EAO. «Uno de ellos fue Ramón Rebolledo, quien después seguiría defendiendo la patria en el combate de Angamos, en la toma de Pisagua, en el combate de Arica, en el bloqueo del puerto del Callao y, finalmente, en las batallas de Chorrillos y Miraflores», indica Castillo en su libro.
De idéntica manera, José Fructuoso sería uno de los sobrevivientes luego del hundimiento de la Esmeralda. Fue tomado prisionero y rescatado en noviembre de ese mismo año.
“En enero de 1880 se embarcó en el Monitor “Huáscar” y participó en el Combate del Callao en 1881, además de las batallas de Chorrillos y Miraflores. Tras la finalización de la guerra, continuó prestando servicios en diferentes buques y comisiones, tales como hidrográficas de reconocimiento y levantamiento de planos, y viajes de instrucción de guardiamarinas, entre otras labores”, sostiene Castillo en su obra sobre la EAO.
Relación histórica de la EAO con la defensa nacional
Castillo Espinoza comenta que, desde sus inicios en 1849, la Escuela de Artes y Oficios (EAO) tuvo una marcada vocación por la seguridad nacional. En una carta dirigida al ministro de Justicia, Culto e Instrucción Pública, Manuel Antonio Tocornal, su antecesor, Salvador Sanfuentes, le señalaba que era parte de las premisas educativas de la institución preparar a sus estudiantes para afrontar una eventual contingencia bélica.
En 1864, a causa de la ocupación española de las islas Chincha, pertenecientes al Perú, y durante la incertidumbre previa a la guerra con España (1865-1866), el entonces director de la EAO, José Zegers, informó al gobierno sobre la preocupación del personal de la EAO ante la inminencia del conflicto.
“Los empleados de la Escuela de Artes y Oficios que suscriben (…) creen de su deber manifestar a Su Excelencia el Presidente de la República que están dispuestos a prestar sus servicios personales en todo aquello que el Supremo Gobierno tenga por conveniente ocuparlos”. Igualmente, ofrecían “la parte de sus sueldos de que fuere necesario disponer si, en el curso de los acontecimientos, el erario nacional tuviese necesidad de auxilio”, se indica en la página 329 de la obra.
Una década después, el compromiso de la EAO con el país ante un escenario de conflicto adquirió más relevancia con el inicio de la Guerra del Pacífico, al contar no solo con exestudiantes en la tripulación de la "Esmeralda", sino también con los destacados contraalmirantes Miguel Aguirre y Arturo Cuevas, quienes ingresaron en 1875 y se titularon de mecánicos en la institución de Artes y Oficios en 1879.
En cuanto al rol que jugó la EAO en la Guerra del Pacífico, el ministro José Manuel Gandarillas planteó: “Es indispensable dar mayor ensanche a los estudios que se hacen en la Escuela de Artes i Oficios; i ya la guerra actual ha venido a hacer sentir la necesidad imperiosa de crear en este establecimiento una sección especial, en la que los alumnos puedan adquirir los conocimientos que se hacen menester para dirijir las máquinas de las naves de guerra de nuestra escuadra”.
Hoy, 19 de mayo, a las 11:30 horas, nuestro Plantel efectuará una nueva versión del homenaje que recuerda a los héroes de Iquique de la Escuela de Artes y Oficios.
