Desde Panguipulli a Santiago, y del tatami escolar a los podios internacionales, Adela Ángeles Espinoza Sandoval ha construido una destacada trayectoria deportiva sin descuidar su formación académica. Estudiante de cuarto año de Obstetricia y una de las judokas más sobresalientes de la Usach, la deportista se ha transformado en un ejemplo de disciplina, constancia y capacidad de organización.
Su acercamiento al judo surgió por iniciativa propia. Cuando cursaba octavo básico, se integró a un taller de su colegio motivada por una amiga y por sus ganas de hacer deporte. Aunque debió dejar la práctica por un tiempo debido a los largos trayectos hasta su casa, en enseñanza media retomó los entrenamientos y luego ingresó a un club de un polideportivo. Desde ahí, no ha dejado de entrenar ni de trabajar para superarse.
Ese recorrido la llevó a convertirse en seleccionada nacional Sub-21 y a disputar su primer torneo internacional en los Juegos Panamericanos Junior de 2021.
La llegada de Adela a la Usach se concretó en 2022, por recomendación del entrenador de la selección de judo del Plantel, quien en ese entonces también dirigía a la selección de nuestro país y le informó sobre la posibilidad de ingresar por cupo deportivo. En ese momento, la estudiante atravesaba una de sus mejores etapas competitivas a nivel nacional, por lo que esta oportunidad resultó decisiva para su desarrollo profesional y deportivo.
La joven quería estudiar Obstetricia cuando cursaba octavo básico y, una vez egresada del colegio, se trasladó a Valdivia para iniciar su etapa universitaria. Sin embargo, al conocer esta vía de ingreso a la Usach, decidió mudarse a Santiago. Sabía que el sacrificio sería mayor, pero tenía claridad sobre sus metas y no dudó en optar por nuestra Universidad.
Dejar Panguipulli no fue fácil, especialmente para su familia. Como hija menor, su partida significó un cambio importante para sus padres. Aun así, destaca que el apoyo familiar ha sido permanente y fundamental en todo su proceso: “Mi papá y mi mamá siempre me han apoyado, para viajar, para comprarme los trajes, pasajes, lo que sea. Igual me apoyaron para venir acá, porque gracias al deporte entré aquí. Ellos me apoyan siempre”.
A más de 800 kilómetros de su hogar, también ha encontrado contención en la capital. Desde hace cuatro años vive con una amiga de infancia, también oriunda de Panguipulli, con quien comenzó en el judo en el colegio y luego en el polideportivo. Hoy ambas son compañeras de universidad y de selección, entrenan juntas y comparten las responsabilidades del hogar. Además, viajaron a Perú en octubre para competir por la Usach los días 29 y 30 de octubre en FISU 2025, donde obtuvieron un oro y una plata para la institución.
Formación académica y deportiva
Junto con cumplir con los campos clínicos y sus ramos, Adela entrena actualmente cuatro días a la semana. Hasta hace un tiempo, sin embargo, sus prácticas deportivas se extendían de lunes a sábado con la selección nacional y un día adicional en la universidad. Para ella, la clave está en la organización. “Me gusta tener todo organizado y ser responsable. Me siento muy mal conmigo misma cuando no soy responsable, porque es como un cargo de conciencia. Siento que en el deporte hay que tener disciplina y sobre todo si estás estudiando, hay que cumplir en ambos, aunque es difícil, hay que buscar la manera”, afirma.
La estudiante reconoce que no siempre es posible rendir al máximo en todas las áreas, por lo que ha aprendido a priorizar sus estudios sin dejar de lado su compromiso deportivo con la universidad.
En ese sentido, Adela considera que ser parte de la comunidad usachina y representar a la institución implica también una responsabilidad frente a quienes recién comienzan su camino universitario y deportivo. “Los chicos que están más nuevitos, por ejemplo, y ven a alguien quizá de un grado más alto que compite afuera, me siento a veces como una inspiración para ellos, de lo que pueden alcanzar si siguen siendo constantes”, reflexiona.
Asimismo, valora el respaldo que ha recibido desde su escuela para compatibilizar las exigencias académicas con la actividad deportiva: “Me gusta el apoyo que da la universidad a mi carrera como judoka y el apoyo de la Escuela de Obstetricia. Siempre han buscado las posibilidades para que nada me perjudique”.
Adela tiene claro que la vida del deportista está marcada por sacrificios y exigencias cotidianas. Muchas veces, levantarse de la cama se vuelve un desafío, especialmente cuando las responsabilidades domésticas también forman parte de la rutina. En esos momentos, asegura, la disciplina y las convicciones son fundamentales para no perder de vista sus metas. “Es más por cumplir mis objetivos, mis sueños y hacer que todo el esfuerzo valga la pena, porque el venirme de Panguipulli acá significa que no me puedo dejar estar ni dejar que pasen las oportunidades, tengo que esforzarme”, expresa la estudiante de Obstetricia.
Gran parte de esa fortaleza explica, proviene del judo. La disciplina, la constancia, la perseverancia y la capacidad de levantarse después de caer son aprendizajes que este deporte le ha entregado y que hoy forman parte de su manera de enfrentar la vida. A través de esta práctica, Adela ha construido una base sólida para avanzar con decisión en cada uno de sus proyectos.
En los momentos más difíciles, encuentra motivación en su propia historia. “Recuerdo cómo inicié, cómo llegué acá, cuando no sabía cómo moverme en Santiago, que no conocía a nadie. Ver lo bajito que llegué y lo alto que he ido armando mi camino, eso me motiva. Decirme a mí misma, ‘eres capaz y te has demostrado a ti misma que has sido capaz’. El judo es un estilo de vida. Es un deporte que te enseña muchos valores. Me inculcó sobre todo la disciplina, el respeto y el compañerismo”, enfatiza.
