La tenista de 18 años, Montserrat Soto-Luque Oyarzún, ingresó este 2026 a la carrera de Licenciatura en Ciencias de la Actividad Física con el objetivo de aplicar estos conocimientos en su propio camino deportivo y construir una ruta más personalizada, orientada a sus metas competitivas.
Antes de dedicarse al tenis, practicó saltos ornamentales hasta los seis años. Sin embargo, su interés por la raqueta nació al acompañar y ver a su padre jugar cada fin de semana. A su corta edad, desafiaba a su hermano, diez años mayor, a jugar, aunque él aceptaba de mala gana. “Obvio que no le gustaba jugar conmigo, si yo era una niña, era súper mala”, confiesa Montserrat entre risas. Pero fue gracias a esa insistencia que sus padres decidieron inscribirla en un taller de tenis del Estadio Nacional.
Así fue como, con solo siete años, Montserrat inició su camino en el tenis. Luego de entrenar durante un largo tiempo en el Estadio, fue a probarse a la escuela de Jorge Aguilar, donde reconocieron su potencial. La respuesta fue positiva, pero su admisión implicaba una condición clara: si quería proyectarse en el alto rendimiento, debía dejar el colegio. “Me costó tomar la decisión porque es un cambio de vida completo. Yo era bien amiguera, me gustaba ir al colegio, tener mi grupo, y cuando hice este cambio fue muy fuerte, porque el tenis es un deporte súper individual”, relata.
Atreverse a dejar la vida normal de cualquier adolescente de su edad para iniciar una carrera deportiva no fue nada fácil. Comenta que ha sido una de las decisiones más difíciles que ha tenido que tomar. Sin embargo, gracias al apoyo de su familia, finalmente se atrevió y entró a un colegio especial para deportistas.
El camino elegido no estuvo exento de dificultades. Las lesiones han sido una piedra en el zapato, no solo en términos físicos, sino también emocionales. Montserrat cuenta que una de las más difíciles que le ha tocado enfrentar fue un desgarro de seis centímetros en el isquiotibial, que la mantuvo lejos de las canchas durante un largo tiempo. Cuando por fin pudo volver, la mente no la acompañó.
“Sentía que todo me salía mal, que era muy mala para el tenis. No tengo tanta confianza en mí misma, eso siempre me ha faltado en general. Y claro, dejé de jugar un mes, después volví y sentía que estaba jugando demasiado mal”, afirma.
La universidad por el tenis
Como cualquier estudiante de cuarto medio, se inscribió para rendir la PAES, aunque no pensando en el futuro, sino porque era lo que había que hacer. Sin embargo, no fue hasta octubre del año pasado que Montserrat comenzó a pensar seriamente en entrar a la universidad y estudiar una carrera. Faltaban solo dos meses para rendir la prueba y, con esa realidad de frente, aparecieron todos sus miedos.
“Me llegó el choque de una. Estaba como en una nube y de la nada dije: voy a salir del colegio, tengo que dar la PAES… ¿Qué hago ahora? ¿Qué hago? ¿Ya no voy a poder jugar? Ya no puedo jugar más junior, ahora voy a jugar torneos profesionales, el nivel sube un montón, pero necesito entrenar si es que quiero esto, aunque tampoco quiero dejar de lado lo académico”, cuenta Montserrat.
Y así como fue difícil volver a entrenar después de estar un tiempo lejos de las canchas, tener que elegir entre seguir jugando o entrar a la universidad fue un proceso aún más complejo. “En ese periodo la pasé mal, porque claro, estuve haciendo esto toda mi vida y ahora se venía un cambio por el cual no iba a poder seguir. O quizás pueda seguir en un futuro, pero en este momento no puedo, y entrar aquí implicaba dejar el alto rendimiento”, asegura.
El choque de realidad fue tan abrupto que Montserrat sufrió repercusiones emocionales. Dejar todo por lo que había trabajado durante años para entrar a la universidad, sin saber si podría recuperar su carrera deportiva, significó para ella un periodo de estrés que la obligó a buscar ayuda profesional.
Comenta que, luego de un tratamiento antidepresivo, hoy se siente mucho mejor. Supo transformar la incertidumbre en algo de lo que sacar provecho, y ese miedo a enfrentar una realidad completamente distinta es el mismo impulso que hoy la mueve a explorar lo desconocido. “Dejé de hacer esto durante mucho tiempo, quiero volver a estudiar y saber más sobre mi carrera. Me interesan mucho las materias de mis ramos y eso me tiene contenta”, confiesa.
Seleccionada Usach
Antes de dejar la alta competencia, entrenaba cinco horas diarias, de lunes a viernes. Su jornada comenzaba a las siete de la mañana con una hora y media de tenis, continuaba con dos horas de entrenamiento físico, un breve descanso y, finalmente, otra hora y media de tenis para cerrar el día. Hoy entrena tres veces por semana en la universidad, mientras intenta rendir en los siete ramos que tiene inscritos este semestre.
De todas formas, ve este cambio con optimismo. No solo por vivir una realidad distinta y enfrentarse a un nuevo desafío, sino también porque considera que esta experiencia puede ayudarla a generar un cambio de paradigma en su disciplina. “Siento que esto me va a ayudar a ver el tenis desde otra perspectiva y lo encuentro súper bueno, porque antes solo pensaba en tenis; en cambio, ahora mi cabeza se divide en otras prioridades”, asegura.
Si bien pausó el alto rendimiento por un tiempo, los entrenamientos y las competencias no han quedado atrás. Montserrat afirma estar emocionada por competir con su nuevo equipo y representar a la universidad. Ya se incorporó a los entrenamientos de la selección y espera con ansias poder clasificar al Campeonato Nacional. “En retrospectiva, era lo que quería. Estoy feliz, es un nuevo mundo, nuevos desafíos y nuevas experiencias”, comenta la tenista.
