El estudiante de primer año de Ingeniería Civil Mecánica clasificó a los Global Esports Games 2026, que se disputarán en diciembre en Los Ángeles, Estados Unidos, luego de imponerse ante Puerto Rico en la final del clasificatorio continental.
Benjamín Orellana es el menor de tres hermanos y cuenta que, desde pequeño, se propuso jugar lo mejor posible para enfrentarse de igual a igual con ellos. Ese objetivo lo llevó a desarrollar las capacidades necesarias para competir entre los principales exponentes del Rocket League sudamericano.
Comenzó a jugar Rocket League a los 12 años, bajo el nombre de Flare. “Me enganchó desde el día uno”, asegura. Lo que comenzó como un pasatiempo familiar fue adquiriendo mayor seriedad para Benjamín, impulsado por aquel objetivo que se había impuesto años atrás.
Tres años después de iniciarse en el juego, alcanzó el rango de “Supersonic Legend”, el nivel más alto de Rocket League. El logro lo llevó a considerar la posibilidad de competir profesionalmente y a buscar comunidades del juego en Chile y Latinoamérica, donde tuvo sus primeros acercamientos al circuito competitivo.
Rocket League cuenta con competencias de clubes y también con torneos organizados por federaciones, en los que los jugadores representan a sus países. En esta última modalidad, los equipos compiten por regiones para definir a los mejores exponentes de cada continente.
En 2020, Benjamín participó por primera vez en clasificatorios regionales y, en su segundo intento, logró ubicarse entre los 16 mejores de Sudamérica, posición que mantuvo durante dos años consecutivos.
El camino hacia el bicampeonato
Durante 2023 participó en dos Festigames y en la Rocket League Championship Series, donde junto a su equipo obtuvo el primer lugar del torneo. “Esa fue la primera vez que pude decir: soy campeón de Sudamérica”, confiesa.
La competencia consta de tres fechas. Luego de ganar la primera, su equipo quedó eliminado en cuartos de final durante la segunda jornada, precisamente ante quienes habían disputado la final en la edición anterior. Sin embargo, para la tercera fecha, uno de los integrantes del equipo que los había derrotado quedó fuera de la competencia y, para no retirarse del torneo, sus compañeros invitaron a Benjamín a sumarse.
“Yo tenía dos opciones: dejar a mi equipo, con quienes crecí, pero estábamos teniendo pésimos resultados y el ambiente estaba tenso por el segundo torneo, o irme con el equipo nuevo, que era un gran salto por jugar con dos jugadores top cuatro y ganar experiencia. Jugué con ellos y fue el torneo más arrasador que he jugado, no perdimos ninguna partida. Salimos campeones absolutos y pude decir: soy bicampeón sudamericano”, declara.
Tras estos resultados, las temporadas siguientes fueron más complejas. Los torneos de 2024 y 2025 no fueron como esperaba. Cursaba su tercer año universitario y, al mismo tiempo que disminuía su rendimiento académico, también atravesaba dificultades personales. Ante este escenario, decidió alejarse temporalmente de la competencia.
“Ese descanso me sirvió mucho para reflexionar qué quiero en mi vida. Ahí tomé la decisión de cambiarme de universidad. Me di cuenta de que ahí no estaba la gente que quiero en mi vida. Corté relaciones con gente cercana que me hacía mal y me alejé un poco del mundo competitivo”, cuenta.
Competir con otra perspectiva
Después de un tiempo, Benjamín regresó a las competencias. Recibió una nueva oportunidad al ser invitado a formar parte de la escuadra de Davitrox y Román, destacados exponentes del Rocket League chileno y argentino.
“En nuestro primer torneo nos fue tan bien que pegamos top sudamericano. Fue la primera vez que entré al top 8 y al top 6 sudamericano instantáneamente”, recuerda.
Sin embargo, en la tercera fecha no obtuvieron los resultados esperados. El equipo se separó y Benjamín quedó fuera del top 16 por primera vez en toda su carrera. El golpe emocional fue fuerte y volvió a tomarse un descanso, esta vez acompañado de nuevas reflexiones.
“Entre toda la terapia entendí que realmente soy alguien a quien le gusta competir. Si alejaba esa parte, iba a tener que suplirlo con algo que me sacie esa competitividad. Y, para ser honesto, la universidad no lo hace. La universidad es mi responsabilidad, me tiene que ir bien por mí, por el bien de mi familia, por el esfuerzo que han hecho”, señala.
Entonces comenzó a buscar una manera distinta de relacionarse con la competencia. “Pensé: ¿cómo suplo esto? Y jugando de manera casual me di cuenta de que podía competir divirtiéndome, que es muy extraño, porque me tomaba las competencias muy en serio, al punto de que la derrota pesaba más como un fracaso que como un aprendizaje”, indica.
El descanso, asegura, le sirvió. Este año, tras el anuncio de la Esports Nations Cup, la federación realizó un proceso de selección de jugadores chilenos. Luego de un mes de competencias, el primer equipo quedó conformado por Reysbull y Nachosky.
Meses después, el coach del Team Chile contactó a Benjamín y a otros cuatro jugadores destacados del circuito que no habían sido seleccionados inicialmente. Les comunicó que se habían anunciado los Global Esports Games 2026 y que sus fechas coincidían con la competencia que el primer equipo disputaría.
“¿Quieren ser ustedes el nuevo Team Chile?”, fue la pregunta que abrió el paso a un camino que creían perdido.
De Chile a Los Ángeles
Fue un mes de conversaciones y preparación, en el que el grupo definió prioridades, metas y expectativas. Finalmente, llegaron los clasificatorios.
La competencia se dividió en dos regiones: Sudamérica y Centro, y Norteamérica. De esta manera, los mejores equipos de cada región se enfrentarían para definir al representante de América.
Jugaron contra Brasil en primera ronda, una de las potencias del Rocket League en el continente. Luego vinieron Perú y Uruguay. Tras imponerse en la fase sudamericana, su siguiente rival fue Puerto Rico.
Después de disputar encuentros tanto en servidores estadounidenses como sudamericanos, el equipo chileno se coronó campeón de América el sábado 15 de agosto, asegurando así su clasificación a los Global Esports Games 2026.
Más que un videojuego
Detrás de sus logros también existe una historia marcada por el esfuerzo para demostrar que los deportes electrónicos pueden ser una actividad competitiva y profesional.
Lo primero fue convencer a su familia de que esto no era solo un juego. Para ello, necesitaba un computador capaz de responder a las exigencias de un jugador de alto rendimiento, algo que finalmente consiguió gracias al apoyo de sus hermanos.
Benjamín reconoce que tampoco comenta con facilidad que se dedica a los eSports, debido a los prejuicios que todavía existen en torno a los videojuegos. Sin embargo, asegura que desde su llegada a la Usach el panorama ha cambiado bastante.
Muchos de sus compañeros y compañeras conocieron su faceta como jugador cuando publicó su logro en redes sociales y, aunque varios no están familiarizados con este mundo, lo han felicitado y alentado a seguir mejorando.
Asegura que haber entrado a la Usach fue una experiencia increíble y una decisión que cambió su vida académica. “Toda la gente que he conocido ha sido muy agradable. Me siento muy parte de la universidad y con espíritu usachino al 100% (...) acá es más vivo, siento que uno puede ser uno mismo. No hay un sesgo de que si tú eres de tal manera te van a aislar, sino que siempre vas a encontrar a alguien que te va a decir ‘oye, es bacán lo que haces; oye, estudiemos juntos, seamos amigos o compartamos un rato’. Eso ha sido lo más notable que he sentido acá”, destaca.
Benjamín cuenta que tiene un gran interés por crear una comunidad de Rocket League en la Universidad y no descarta la posibilidad de trabajar junto a la organización estudiantil Usach Gaming para potenciar los eSports dentro del campus.
A meses de su debut en suelo norteamericano, Benjamín comenta que aún le cuesta creer que esta experiencia ya sea una realidad. Para él, este hecho es un reflejo de que los sueños pueden cumplirse.
“Es un mensaje a no rendirse por más que parezca imposible. Seguir peleando por algo que te apasiona sí o sí va a ser recompensado. Profesionalizar un hobby es sacrificar tiempo en familia, vacaciones, salidas con amigos, con la pareja y tiempo para uno también (...) Esto también es un orgullo para mi familia, para mi gente, para los que siempre estuvieron, para mis dos hermanos que aguantaron un montón de discusiones con mis papás para que yo jugara”, destaca.
