Educar a la población al momento de alimentarse

Académico del Plantel lidera grupo que recicla alimentos desechados

El director del Departamento de Gestión Agraria, Luis Sáez Tonacca (en la foto, der.), junto con el movimiento internacional Disco Soupe, recupera alimentos que productores, comerciantes y consumidores descartan por su aspecto, pero que aún son comestibles. Tras ello, los ofrece para ser entregados a personas invitadas en distintas actividades, sin cobro alguno. Según estudios de la FAO, se estima que un tercio de los alimentos aptos para el consumo humano se desecha.
Ya en 2014, y como parte de la Red Latinoamericana y Caribeña de Expertos para la Reducción de Pérdidas y Desperdicios de Alimentos de la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura), el profesor del Departamento de Gestión Agraria, Luis Sáez Tonacca, escuchó atentamente sobre una iniciativa europea llamada Disco Soupe, que buscaba recuperar alimentos descartados por su aspecto, pero que aún eran comestibles. “El sentido no es alimentar a los pobres, se trata de educar a la población, ya que al momento de servirles los alimentos, se les explica que estos habrían sido botados por ser “feos”, pero que están en perfectas condiciones de ser consumidos y que son agradables al paladar”, recalca el académico.

Desde hace más de una década rondaba en la cabeza del profesor del Departamento de Gestión Agraria, Luis Sáez Tonacca, la idea de aprovechar los alimentos que en nuestro país son desechados por productores, comerciantes, entre ellos ferias libres, supermercados y restaurantes, y los propios consumidores, que a veces compraban más de la cuenta.

 

Ya en 2014, y como parte de la Red Latinoamericana y Caribeña de Expertos para la Reducción de Pérdidas y Desperdicios de Alimentos de la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura), el profesor Sáez escuchó atentamente sobre una iniciativa europea llamada Disco Soupe, que buscaba recuperar alimentos descartados por su aspecto, pero que aún eran comestibles.

 

El académico decidió, entonces, implementar la medida en Chile y a fines del mismo año organizó la primera Disco Soupe en las instalaciones de nuestra Casa de Estudios con la ayuda de muchos voluntarios, principalmente de la Facultad Tecnológica, quienes recolectaron cerca de 200 kilos de frutas y hortalizas, las que posteriormente fueron reacondicionadas para ser servidas a personas invitadas a comerlas, sin cobrarles absolutamente nada, “ya que es una actividad sin fines de lucro”, enfatiza el también Ingeniero Agrónomo.

 

“El sentido no es alimentar a los pobres, se trata de educar a la población, ya que al momento de servirles los alimentos, se les explica que estos habrían sido botados por ser “feos”, pero que están en perfectas condiciones de ser consumidos y que son agradables al paladar”, recalca el académico.

 

Desde entonces, junto con el profesor Carlos Díaz, del mismo Departamento, han organizado varias actividades similares y comenzaron a replicar el modelo en los estudiantes de pre y post grado, haciendo hincapié en tres ideas básicas: Distribuir mejor los alimentos desde los productores hacia los consumidores finales; incentivar el sistema de compras públicas; y reducir las pérdidas y desperdicios de alimentos.

 

“Para distribuir mejor los alimentos hemos estudiado e impulsado el desarrollo de los mercados locales y circuitos cortos, que intentan relacionar lo mejor posible a los productores con los consumidores. Esto resulta en una excelente vía de comercialización de los productos y de permitir aplicar conceptos de equidad, es decir, que cada integrante de la cadena -productores, posibles intermediarios y consumidores finales-, obtengan un beneficio justo en relación a los otros”, puntualiza el profesor Sáez.

 

¿Cuánto se pierde?

 

Según el último boletín de la FAO, de febrero de este año, en el mundo se pierden o desperdician 1.300 millones de toneladas de alimentos, es decir un tercio de los alimentos producidos para consumo humano. En América Latina, en tanto, la cifra se empina por sobre las 127 millones de toneladas.

 

Chile no se escapa de ello, y según el organismo, con datos recogidos de pesquerías artesanales, se pierde el 53 por ciento del total de la masa total capturada de merluza (más de 1.800 toneladas al año), y el 44 por ciento del total de la masa capturada de jibia (más de 24.800 toneladas al año).

 

Asimismo, los principales molinos desechan cerca de 140 toneladas de arroz por año, equivalentes a 9.000 porciones semanales. En el caso de la cosecha de lechugas, según la FAO solo en la Región Metropolitana se pierden más de 16 mil cultivos por hectárea, lo que corresponde a casi un tercio de la producción total.

 

Reducir las pérdidas y desperdicios de alimentos

 

Para el profesor Sáez, es absolutamente viable reducir las pérdidas y desperdicios de alimentos con iniciativas vinculadas a cambiar las prácticas de comercialización, modificar las conductas en los hogares, y cambiar los hábitos de preferencia de productos.

 

Cabe señalar que en Chile los productos se venden en distintas unidades de medidas, por ejemplo, algunos se comercializan por unidad, como las lechugas, otros por peso, como las manzanas, y otros en docenas, paquetes, atados o pilas, como las zanahorias, las betarragas, el perejil o el cilantro, entre otros.

 

“Lo que produce esta modalidad es que las personas, por ejemplo, en el caso de lechugas prefieren sólo las más grandes. Entonces, los agricultores no cosechan lechugas pequeñas y se pierden en el campo y, luego, los comerciantes también las botan. Todo esto, ha sido impulsado por una falsa idea de que la calidad se relaciona con tamaño y homogeneidad”, precisa el académico.

 

En ese contexto, el profesor Sáez propone vender por peso y no por unidad.

 

“Nuestra recomendación sería vender todo por peso, entonces, uno debería comprar un kilógramo de lechuga por ejemplo, entonces como lo que se consume son hojas, se aprovecharían lechugas grandes y también las pequeñas, y lo mismo ocurriría en otros productos”, subraya.

 

Respecto a cómo modificar la conducta en los hogares, el académico coincide con la propuesta de la FAO en cuanto a almacenar y conservar correctamente los alimentos.

 

“También utilizar las porciones adecuadas, comprar en forma frecuente por ejemplo una o dos veces a la semana de tal forma de no perder productos por sobre madurez, servir porciones individuales y según lo que come cada persona, entre otras. Por ejemplo, nosotros trabajamos en el desarrollo de mercados locales, los circuitos cortos, y los formatos de venta adecuados en tamaño para las diferentes familias”, puntualiza.

 

Alimentos saludables en el Plantel

 

Por otra parte, el profesor Sáez recuerda que al interior de la Universidad se han instalado cuatro puestos de alimentos saludables “los que funcionan de lunes a jueves y se han convertido en un punto donde, principalmente, los estudiantes acuden a comprar frutas y verduras, pero también hemos visto funcionarios y académicos”.

 

“Esto demuestra que acercar los alimentos a la población estimula su consumo”, agrega.

 

Como Disco Soupe, aclara que a veces el desperdicio de alimentos es inevitable, pero igualmente se pueden aprovechar esos productos en otros ámbitos.

 

“Claramente el destino de esos productos puede ser variado, ahora nosotros nos hemos concentrado en la alimentación humana, pero obviamente cuando ya no son comestibles se puede hacer compost, humus de lombriz, o alimentos para animales, por ejemplo”, sostiene.

 

El grupo, que actualmente suma unos 70 voluntarios, continuará con actividades que concienticen a la comunidad universitaria, y también a agricultores, comerciantes y consumidores. Además se proseguirá con las investigaciones que aporten para “alimentar a la población en forma equitativa”, concluye el profesor Sáez.

 

Autor: 
Andrés Zanetti Aránguiz